Había visto alguna imagen del hotel Vidago Palace pero ninguna te prepara para la impresionante realidad que te encuentras cuando traspasas la entrada del parque de más de 100 ha que lo acoge.
Concebido como residencia de verano para el rey Carlos I, cerca de manantiales de aguas medicinales, nunca cumplió su propósito ya que éste fué asesinado antes de llegar a conocerlo.
Inaugurado en 1910 fué centro de reunión de la aristocracia europea de la época y tras una remodelación en la que se respetó fielmente toda la decoración original (las distintas piezas fueron numeradas, retiradas, restauradas y vueltas a colocar), ha abierto sus puertas de nuevo en octubre de 2010.
Al entrar te recibe esta monumental escalera.
A la derecha la recepción y pasada ésta el acceso al ala derecha del edificio, que acaba en el salón para fumar y su bar anexo.
En él puedes tomar comidas ligeras a cualquier hora del día, teniendo en cuenta que está rodeado por una encantadora terraza es una opción muy interesante.
Ya en el piso superior, nos encontramos con largos pasillos que recorres en absoluto silencio pisando las gruesas alfombras hechas a mano que los cubren.
La habitación, muy amplia y acogedora, casi resulta normal en comparación con la magnificencia del resto del edificio.
Y, siguiendo un orden cronológico pasamos a cenar al impresionante comedor, situado en el ala izquierda de la planta baja.
No he podido resistirme a envejecer la foto para trasladarme por unos momentos a principios del siglo XX.
Sin embargo disfrutamos de platos de vanguardia del siglo XXI, ya que el restaurante cuenta con el asesoramiento de Rui Paula (del que hablaré proximamente en otro post).
El servicio amable y profesional, con un magnifico sumiller consiguen que sea muy agradable la cena a pesar de que estábamos apenas tres mesas en un comedor gigantesco.
Por la mañana, a la hora de desayunar, nos encontramos con otra maravilla de 1910, el antiguo comedor del hotel.
Y de nuevo de vuelta al siglo XXI, el arquitecto Siza Vieira ha diseñado un moderno anexo posterior dedicado a spa.
Pero como Vidago no es solo un fantástico spa, sinó todo un balneario, cuenta con tres fuentes de aguas minero-medicinales, también perfectamente restauradas, a lo largo de los jardines. Como curiosidad las aguas del manantial número 1 se administran inyectándolas por vía intramuscular.
Esta última fuente está practicamente en el campo de golf que fue inaugurado en
¡1936! con 9 hoyos y que ahora ha sido ampliado hasta los 18 y que, a pesar de que está a 2 minutos del hotel, tiene su propia Club House en la que también se puede tomar una comida rápida bien dentro o bien en alguna de sus dos terrazas.
Y claro, con la extensión que tiene el parque se pueden dar paseos ya sea a pie (tienen tres rutas preparadas dependiendo de cuanto tiempo quieras andar), en bicicleta o recorrerlo en los buggies de golf.
Nos vamos del Vidago Palace con ganas de volver, sobre todo cuando en recepción nos enseñan lo bonito que está todo el parque en otoño.